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La mejor guía independiente de Sintra
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El pintoresco pueblo de Sintra despierta la imaginación como ningún otro lugar de Portugal. Entre bosques envueltos en niebla y acantilados azotados por el viento, Sintra evoca un romanticismo salvaje, solo comparable a la extravagante arquitectura que encontrarás por todo el pueblo.
Sintra presume de su herencia romántica del siglo XIX, con palacios suntuosos y villas de ensueño que lucen elementos de diseño caprichosos y teatrales. El más famoso es el colorido Palácio da Pena, pero el Palácio de Monserrate, de inspiración árabe, y los místicos jardines de la Quinta da Regaleira resultan igual de fascinantes.
Si te alejas de las rutas turísticas más trilladas, descubrirás otra cara de Sintra, con bosques densos, costas escarpadas, lugares religiosos apartados y miradores asombrosos, a la espera de viajeros intrépidos dispuestos a explorarlos.
Mucha gente visita Sintra solo en una excursión de un día desde Lisboa, pero una visita tan fugaz apenas permite conocerla por encima. Para sumergirte de verdad en la magia de Sintra, es imprescindible quedarte más tiempo. Esta guía recoge los mejores lugares y actividades de Sintra para que aproveches al máximo tu estancia.
Palácio da Pena
Un vistoso castillo de cuento de hadas que corona la cima más alta de la sierra de Sintra. Esta obra maestra del romanticismo del siglo XIX es una fantasía deslumbrante de cúpulas, almenas y tonos pastel que parece sacada de un libro de cuentos. Guía del Palácio da Pena
Quinta da Regaleira
Una villa gótica con jardines cargados de simbolismo esotérico y leyendas templarias. Su pieza central es el Pozo Iniciático, una torre invertida que simboliza un viaje hacia la oscuridad y el renacimiento antes de desembocar en una serie de grutas. Guía de la Quinta da Regaleira
Castelo dos Mouros
Una antigua fortaleza morisca que se alza sobre las cumbres más altas de Sintra. Sube a sus almenas y torres fortificadas para disfrutar de las mismas vistas panorámicas desde las que se vigiló esta región durante siglos. Guía del Castelo dos Mouros
Palácio Nacional de Sintra
Se reconoce al instante por sus dos colosales chimeneas cónicas, que se alzan sobre Sintra. Es el palacio real medieval mejor conservado de Portugal y fue residencia de la realeza portuguesa durante casi cinco siglos.
Palácio de Monserrate
Un palacio exótico y romántico, célebre por su intrincada cantería, labrada como un encaje e inspirada en diseños indios y moriscos. Esta joya escondida ofrece un respiro tranquilo lejos de los caminos más trillados de Sintra. Guía de Monserrate
Convento dos Capuchos
En claro contraste con los palacios, este humilde monasterio del siglo XVI está construido directamente en el granito y el corcho del bosque. Tiene un ambiente austero y contemplativo, reflejo de una forma de vida más sencilla. Guía del Convento dos Capuchos
Palácio Biester
Una obra maestra del romanticismo tardío con interiores teatrales. Descubre un refugio artístico y sombrío de intrincada carpintería y vidrieras, rodeado de un exuberante parque botánico.
Cabo da Roca
El punto más occidental de la Europa continental, un promontorio agreste y azotado por el viento donde los acantilados de granito se hunden en el indómito Atlántico. Guía del Cabo da Roca.
Más allá de Sintra: la región
Aunque los palacios son el gran atractivo de Sintra, el parque natural de la Serra de Sintra que los rodea guarda muchos más tesoros. Este paisaje espectacular de colinas boscosas y costa escarpada se recorre mejor en coche y te ofrece otra forma de ver la región.
La costa atlántica La imponente costa de la región está marcada por un fuerte oleaje y acantilados altísimos, y culmina en el Cabo da Roca, el punto más occidental de la Europa continental. A lo largo de esta costa encontrarás una sucesión de playas magníficas, desde los arenales salvajes, frecuentados por surfistas, de Praia do Guincho y Praia Grande hasta la belleza natural y apartada de Praia da Ursa y la arena al pie de los acantilados de Praia da Adraga. La costa también está salpicada de encantadores pueblos costeros, como la pintoresca aldea de Azenhas do Mar y la concurrida localidad playera de Praia das Maçãs, comunicada con Sintra mediante un tranvía tradicional.
Azenhas do Mar
Praia das Maçãs
Si te alejas de la costa hacia el interior, descubrirás bosques frondosos y miradores espectaculares. La panorámica carretera N247 serpentea entre las colinas y conecta muchos de estos lugares. Escondido en lo más profundo del bosque está el humilde Convento dos Capuchos, un monasterio construido en armonía con la naturaleza. Para disfrutar de una de las mejores vistas, sube al Santuário da Peninha, una pequeña capilla encaramada en lo alto de un peñasco desde la que se disfruta de un panorama impresionante de toda la costa.
En la ruta entre Lisboa y Sintra encontrarás el magnífico Palácio de Queluz, un opulento palacio del siglo XVIII que sirvió de lujosa residencia de verano a la realeza portuguesa.
Mapa de los lugares de interés de Sintra
El mapa interactivo que aparece a continuación muestra la ubicación de todos estos lugares. Los marcadores verdes señalan los lugares de interés de Sintra y los azules, los de la región que la rodea. (Nota: aleja el zoom para ver todos los puntos).
Lugares de interés de Sintra: 1) Palácio da Pena 2) Quinta da Regaleira 3) Castelo dos Mouros 4) Palácio de Monserrate 5) Palácio Nacional de Sintra 6) Palácio Biester 7) Palácio de Seteais 8) Vila Sassetti 9) Chalet da Condessa d'Edla
Lugares de interés de la región de Sintra: 10) Cabo da Roca 11) Palácio de Queluz 12) Convento dos Capuchos 13) Capela da Peninha 14) Praia das Maçãs 15) Praia do Guincho 16) Praia da Ursa 17) Praia Grande 18) Praia da Adraga 19) Azenhas do Mar 20) carretera N247
El precioso Palácio Nacional da Pena es siempre uno de los platos fuertes de una excursión de un día a Sintra
Una excursión de un día a Sintra suele empezar por la mañana con el Palácio da Pena y el Castelo dos Mouros (si da tiempo). Después se baja al centro histórico para comer y, ya por la tarde, se visita la Quinta da Regaleira. En lugar del Castelo dos Mouros, puedes optar por el Palácio Nacional de Sintra, que está en el centro del pueblo. Otra opción es dedicar más tiempo a los jardines del Palácio da Pena y saltarte el Castelo dos Mouros (o el Palácio Nacional de Sintra).
El Palácio da Pena es lo mejor del día, pero puede llenarse muchísimo. Conviene visitarlo lo más temprano posible para esquivar lo peor de las aglomeraciones de temporada alta (de 10:30 a 15:00). La Quinta da Regaleira siempre está llena por la mañana, pero por la tarde (a partir de las 15:00) suele estar más tranquila.
Importante sobre las entradas del Palácio da Pena: Para acceder a las salas nobles del Palácio da Pena necesitas una entrada con franja horaria reservada de antemano. En temporada alta, las horas más solicitadas se agotan con mucha antelación, así que es imprescindible comprarlas antes del viaje. Puedes comprar las entradas con horario en GetYourGuide aquí.
Si prefieres un día lejos de las multitudes, plantéate visitar el Palácio de Monserrate, el Palácio Biester y el Palácio Nacional de Sintra. El Palácio de Monserrate posee una belleza exquisita que no tiene nada que envidiar al Palácio da Pena, mientras que el Palácio Biester tiene un aire gótico y místico parecido al de la Quinta da Regaleira, ya que ambos son obra del mismo arquitecto.
Una estancia más larga en Sintra
Si tienes la suerte de poder pasar más días en Sintra, este es el itinerario que te recomiendo:
• Día 1) Palácio da Pena (lo más temprano posible), Parque da Pena y Castelo dos Mouros.
• Día 2) Palácio de Monserrate, Palácio Nacional de Sintra y Quinta da Regaleira.
• Día 3) Tranvía hasta Praia das Maçãs, paseo a pie hasta Praia Grande y, al atardecer, Cabo da Roca. Si vas en coche, el tercer día también puedes incluir el Convento dos Capuchos, el mirador de la Capela da Peninha y un recorrido por la carretera panorámica N247.
En el resto de esta guía te cuento con detalle los mejores lugares y atracciones de Sintra.
¿Te iría mejor una visita guiada?
Después de veinticinco años de visitas, sé lo agotador que puede ser un día en Sintra. Una visita guiada bien organizada te quita todos esos quebraderos de cabeza. Estas son las visitas por Sintra que he hecho y que recomiendo encantado a amigos y familiares:
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El Palácio da Pena es la máxima expresión del Romanticismo del siglo XIX, la fantasía personal del rey artista Fernando II. Transformó las ruinas de un monasterio del siglo XVI, muy dañado por el terremoto de 1755, en un palacio fastuoso que diseñó él mismo en un estilo que exaltaba la imaginación y la emoción. Sus terrazas, de un amarillo y un rojo intensos, ofrecen amplias vistas sobre la Serra de Sintra hasta el océano Atlántico, y el mejor sitio para disfrutarlas es la Terraza de la Reina.
Al rodear el exterior descubres una mezcla ecléctica de estilos arquitectónicos, desde torres neogóticas hasta decoración en piedra neomanuelina que rinde homenaje a la época de los Descubrimientos portugueses. El elemento más espectacular es la figura del Tritón sobre el arco de entrada, un ser mitológico mitad hombre, mitad pez, que simboliza la creación del mundo.
La figura del Tritón.
En el núcleo del palacio se conservan el claustro manuelino y la capilla del antiguo monasterio, que albergan un delicado retablo de alabastro del célebre escultor Nicolau Chanterene.
El interior se ha conservado con esmero tal como era en 1910, el último año de la monarquía portuguesa. Cada sala es todo un escaparate de la vida de la realeza. Entre lo más destacado están el suntuoso Salón Noble, la Sala Árabe, profusamente decorada con sus minuciosos trampantojos pintados, y los aposentos privados del rey Carlos I y la reina Amélia. Incluso se pueden ver las cocinas originales, que permiten hacerse una idea del funcionamiento diario de esta residencia real única.
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La cocina del palacio
El Parque da Pena es tan obra maestra del Romanticismo como el palacio que envuelve. Siguiendo esos mismos ideales, el rey Fernando II convirtió las colinas en un paisaje boscoso, fiel reflejo de la fascinación del siglo XIX por el mundo natural. Reunió una enorme colección botánica con especies traídas de todo el planeta. Hoy en el parque crecen altísimas secuoyas norteamericanas, frondosos helechos arborescentes de Australia y Nueva Zelanda y coloridas camelias asiáticas, todas a sus anchas gracias al microclima tan particular de Sintra.
El paisaje se diseñó minuciosamente, con senderos sinuosos, claros escondidos y miradores inesperados, para crear una versión idealizada de la naturaleza salvaje. Dentro del recinto se encuentra el punto más alto de la Serra de Sintra, la Cruz Alta, que con sus 529 metros ofrece unas vistas espectaculares de 360 grados sobre toda la región. Aun así, el Alto do Chá (la «Colina del Té»), más apartado, regala la mejor vista despejada del Palácio da Pena y de la costa a lo lejos.
Las vistas desde el Alto do Chá
En lo más profundo del parque puedes descubrir el apacible Valle de los Lagos, con sus cinco estanques comunicados entre sí y sus casetas para patos de estilo neomedieval, y la vigilante Estatua del Guerrero, de bronce. Mención aparte merece el Chalet da Condessa d'Edla, una encantadora casita de estilo alpino construida para Elise Hensler, la segunda esposa de Fernando. Su singular fachada revestida de corcho y su diseño íntimo contrastan de maravilla con la grandiosidad del palacio.
El Chalet da Condessa d'Edla
La Quinta da Regaleira es una finca enigmática cuya arquitectura y paisaje rebosan simbolismo y misterio. Fue el proyecto personal del acaudalado António Monteiro, que, con la ayuda del arquitecto italiano Luigi Manini, creó un paisaje que refleja su fascinación por las tradiciones esotéricas, entre ellas los templarios y la alquimia.
La residencia principal de la finca es un despliegue extravagante de estilo neomanuelino, con pináculos góticos, gárgolas y una torre octogonal. Junto a ella se alza una capilla católica ricamente decorada, pero los verdaderos secretos de la finca se esconden en sus jardines.
El recinto es un laberinto lleno de sorpresas, pensado para guiar al visitante en un viaje simbólico. Una red oculta de túneles y grutas conecta muchos de sus rincones más destacados, como el Lago de la Cascada y el Portal de los Guardianes.
Lo mejor de todo es el increíble Poço Iniciático, o Pozo Iniciático. No es un pozo de agua, sino una torre invertida que desciende 27 metros bajo tierra. Su escalera de caracol tiene nueve rellanos, que, según se cree, aluden a los nueve círculos del Infierno de Dante. El descenso simboliza un viaje a la oscuridad, y el camino de subida a través de los túneles representa un renacer a la luz.
La Quinta da Regaleira
El Pozo Iniciático (Poço Iniciático) de la Quinta da Regaleira
Inconfundible por las dos colosales chimeneas cónicas que se elevan sobre sus cocinas, el Palácio Nacional de Sintra es la residencia real medieval mejor conservada de Portugal. Situado en pleno casco antiguo, este palacio estuvo habitado sin interrupción por la realeza portuguesa desde principios del siglo XV hasta finales del XIX, lo que lo convierte en el más habitado de todos los palacios reales. Su larga historia se aprecia en la armoniosa mezcla de estilos gótico, manuelino y morisco.
Aunque su fachada encalada parece bastante sencilla, los verdaderos tesoros del palacio están dentro, en su amplia sucesión de salones de gala. El más espléndido es la Sala dos Brasões (Sala de los Blasones), un gran salón decorado con los escudos de armas de 72 de las familias nobles más importantes de Portugal, dispuestos alrededor del emblema del rey Manuel I.
Uno de los grandes atractivos es la Sala dos Cisnes (Sala de los Cisnes), con un techo bellamente pintado en el que aparecen 27 cisnes, todos distintos. No menos fascinante es la Sala das Pegas (Sala de las Urracas), cuyo techo está decorado con 146 urracas, la respuesta del rey Juan I a los chismes de la corte.
La fachada gótica del Palácio Nacional de Sintra
La Sala dos Brasões
Repartido entre dos altas crestas de la Serra de Sintra, el Castelo dos Mouros ofrece un contraste austero y fascinante con los opulentos palacios. No es una residencia real, sino una imponente fortaleza militar cuyos orígenes se remontan a los siglos VIII y IX, durante la ocupación musulmana. Su función principal era estratégica: proteger las tierras de cultivo de los alrededores de Sintra y vigilar la costa por si llegaban barcos invasores.
Lo más llamativo del castillo son sus murallas de piedra, jalonadas de torres fortificadas, que serpentean por el paisaje de granito. Estas almenas azotadas por el viento se situaron estratégicamente para ofrecer una posición privilegiada desde la que se dominaba toda la región.
Tras quedar en ruinas a raíz de la Reconquista cristiana en el siglo XII, el castillo recobró vida en el siglo XIX gracias al rey Fernando II. El rey mandó restaurar las murallas, no para uso militar, sino como un elemento histórico espectacular dentro del paisaje de su Parque da Pena. La torre más alta recibió el nombre de Torre Real y se convirtió en uno de los rincones favoritos del rey Fernando, que a menudo se retiraba aquí a pintar tras subir los 227 escalones hasta la cima.
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El Castelo dos Mouros se alza en lo alto, sobre Sintra
La Torre Real y la vista hacia el Palácio da Pena
El Palácio de Monserrate es una villa exótica y romántica que ofrece un respiro tranquilo frente a los lugares más concurridos de Sintra. Este impresionante edificio fue obra de sir Francis Cook, un acaudalado industrial inglés del siglo XIX que creó aquí su refugio de verano, en un lugar que en su día elogió el poeta lord Byron. El palacio es célebre por su minuciosa labor en piedra, que parece un encaje y está muy inspirada en la arquitectura de la India y del mundo islámico. El resultado es una estructura delicada y de fantasía, con cúpulas, cupulinos y arcos exquisitos.
El interior es igual de minucioso: se organiza en torno a una rotonda octogonal central de la que parten las alas principales del palacio. Este gran salón, junto con estancias como la Sala de Música y la Biblioteca, está lleno de yeserías muy trabajadas y motivos geométricos que crean un ambiente luminoso y diáfano.
Los jardines del palacio se consideran una obra maestra del paisajismo y figuran entre las colecciones botánicas más ricas de Portugal. El recinto está ingeniosamente dividido en zonas geográficas diferenciadas, de modo que puedes pasar de un jardín mexicano con cactus y yucas a un jardín japonés con camelias y bambú. La colección incluye frondosos helechos arborescentes de Australia, rododendros del Himalaya y una romántica capilla en ruinas.
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Las preciosas tallas en piedra del interior de Monserrate
Las Ruínas da Capela de Monserrate, con árboles centenarios que crecen sobre los muros de la capilla
En marcado contraste con la opulencia de los palacios de Sintra, el Convento dos Capuchos es un refugio humilde y espiritual escondido en lo más hondo de las colinas boscosas. Fundado en el siglo XVI, este austero monasterio franciscano encarna el ideal de una vida de pobreza extrema en armonía con la naturaleza. El pequeño conjunto se levantó encajado en el propio paisaje granítico, con edificaciones pensadas para fundirse con las rocas y los árboles centenarios que lo rodean, de modo que apenas altera el entorno.
Su rasgo más característico es el uso abundante del corcho para aislar las celdas espartanas y las diminutas capillas, lo que le valió el apodo de «Convento del Corcho». La arquitectura es de proporciones deliberadamente reducidas: las puertas bajas obligan al visitante a agacharse en un gesto de humildad, y las minúsculas celdas tienen el espacio justo para una persona. Una piedra sobre una de las entradas tiene grabada la inscripción: «donde termina el mundo y empieza el cielo». Incluso la capilla principal está construida alrededor de una enorme roca de granito, lo que integra por completo el convento en su entorno.
Abandonado en 1834 tras la disolución de las órdenes religiosas, el convento ha ido quedando poco a poco en manos del bosque, lo que le da un ambiente sereno e introspectivo. Si quieres conocer otra cara de la historia de Sintra, la de la contemplación silenciosa y no la de la grandeza real, este lugar sin pretensiones es una experiencia inolvidable.
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Rocas gigantescas y árboles centenarios en el Convento dos Capuchos
La capilla bajo la enorme roca
Elegante ejemplo de arquitectura neoclásica, el Palácio de Seteais se construyó a finales del siglo XVIII para un cónsul holandés. Hoy funciona como hotel de lujo, pero aunque no te alojes allí puedes recorrer sus preciosos jardines y su terraza.
El palacio consta de dos alas unidas por un gran arco triunfal, levantado para conmemorar una visita real en 1802. Este arco es famoso porque enmarca una vista perfecta del lejano Palácio da Pena por un lado y del valle por el otro, así que es un sitio muy popular para hacer fotos. Puedes pasear por los cuidados jardines, con limoneros e intrincados laberintos de setos de boj.
El Cabo da Roca es el punto más occidental de la Europa continental, un promontorio espectacular donde los acantilados escarpados se alzan a más de 140 metros sobre las aguas agitadas del océano Atlántico. Durante siglos, este paisaje agreste y azotado por el viento se consideró el fin del mundo. Un monumento de piedra coronado por una cruz señala el lugar y lleva grabada la famosa frase del poeta portugués Luís de Camões: «Donde la tierra se acaba y el mar comienza».
Presidido por su emblemático faro del siglo XVIII, el Cabo da Roca no es un lugar de edificios, sino de fuerzas naturales inmensas. Es una parada imprescindible si quieres sentir la belleza salvaje de la costa portuguesa y asomarte al borde mismo del continente europeo.
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El Cabo da Roca, con su potente faro al fondo
Ninguna visita a Sintra está completa sin probar su dulce más histórico, la Queijada de Sintra. Este pequeño pastel redondo tiene una historia que se remonta a la época medieval y permite descubrir un sabor único de la región.
La queijada lleva un relleno dulce y denso de queso fresco (queijo fresco), azúcar y huevos, ligeramente espolvoreado con canela. Lo que la distingue es su envoltura de masa fina como el papel, cuyo crujido contrasta de maravilla con el interior tierno.
Aunque muchas cafeterías de la zona las venden, el obrador más famoso e histórico es la Casa Piriquita, una pastelería familiar situada en el centro de la villa que utiliza una receta secreta desde 1862.
Praia das Maçãs es un encantador pueblo costero de veraneo con la playa más grande y de acceso más fácil desde Sintra. Esta amplia bahía de arena dorada es un destino veraniego muy popular, sobre todo entre familias, y el pueblo está bien servido de marisquerías y cafeterías. Su nombre, «playa de las manzanas», viene de la época en que las manzanas de los huertos del interior caían a un arroyo y la corriente las arrastraba hasta la orilla.
Parte del atractivo del pueblo está en el propio viaje. Un tranvía histórico une Sintra con Praia das Maçãs y recorre sin prisa los 13 km de ruta. Este precioso trayecto en vagones antiguos de madera atraviesa un paisaje rural muy bonito y te ofrece una perspectiva completamente distinta de la región.
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La Praia das Maçãs es una playa fantástica
El encantador tranvía que une Sintra con Praia das Maçãs
Encaramado en un imponente peñasco a 488 metros de altitud, el Santuário da Peninha ofrece probablemente el mirador más espectacular de toda la Serra de Sintra. En un día despejado, la panorámica de 360 grados abarca desde la costa de Cascais y Ericeira hasta la península de Arrábida, al sur de Lisboa.
El lugar en sí es una curiosa mezcla de lo sagrado y lo romántico. Incluye la pequeña Capela de Nossa Senhora da Peninha, del siglo XVII, construida en el punto donde, según se cuenta, se apareció la Virgen María. A su lado se levanta el esqueleto de un chalé de estilo romántico de 1918 que nunca se terminó y que acentúa ese ambiente misterioso y azotado por el viento.
Aunque para llegar a la cima necesitas coche, las vistas impresionantes justifican el desvío, que se combina fácilmente con el pintoresco recorrido por la N247.
El Santuário da Peninha
Vista de la costa de Sintra desde Peninha
El Palácio de Queluz es un espléndido palacio del siglo XVIII y uno de los últimos grandes edificios rococó que se proyectaron en Europa. Situado entre Lisboa y Sintra, no se concibió como sede oficial del poder, sino como una lujosa residencia de verano dedicada al ocio y la diversión del rey Pedro III.
El interior del palacio es un despliegue de arte exuberante. El opulento Salón del Trono, con sus tallas doradas y sus paredes de espejos, acogía grandes bailes, mientras que la elegante Sala de Música era escenario de conciertos y óperas. Sin embargo, el palacio también tiene una historia más sombría. Fue el lugar de reclusión de la reina María I tras la muerte de su marido y el grave trastorno mental que sufrió después. Queluz fue además la última residencia de la familia real portuguesa antes de que huyera a Brasil en 1807 para escapar del ejército invasor de Napoleón.
Igual de impresionantes son los magníficos jardines geométricos, de inspiración francesa. Cuentan con elaborados parterres, fuentes y estatuas. Uno de los puntos fuertes es el Canal dos Azulejos, un gran canal revestido de azulejos azules y blancos que podía inundarse para que la corte real disfrutara de paseos en barca.
Lo más destacado del Palácio de Queluz son los jardines y el exterior del palacio
La Sala dos Embaixadores (Sala de los Embajadores)
Si buscas una de las playas más espectaculares y salvajes de la costa de Sintra, la Praia da Ursa es un destino inolvidable. Está escondida al pie de unos acantilados muy empinados, y gracias a ese aislamiento sigue siendo un rincón tranquilo, lejos de los puntos más concurridos de la zona.
La playa debe su nombre a sus enormes farallones, bloques de roca más dura que han resistido la fuerza incesante de las olas del Atlántico. Se dice que una de estas formaciones, la «Rocha da Ursa», parece una osa (ursa en portugués) protegiendo a su osezno.
Llegar hasta esta cala apartada forma parte de la experiencia. Primero hay que caminar por pistas de tierra irregulares y después bajar, casi trepando, por un sendero empinado en plena pared del acantilado. Es imprescindible llevar calzado resistente. El acceso que más merece la pena es el bonito sendero costero de 1,7 km que sale del Cabo da Roca, lo que la convierte en el complemento perfecto, y con su punto de aventura, a la visita al punto más occidental de Europa.
La Praia da Ursa es una playa preciosa abierta al bravo océano Atlántico.
Si tienes coche, el trayecto por la N247 entre el pueblo de Azóia y la localidad de Cascais es una de las rutas panorámicas más gratificantes de la región.
La carretera arranca en lo alto de la Serra de Sintra, serpentea y va bajando desde los bosques frescos y frondosos hasta que se abre a una costa espectacular. En este tramo hay unas vistas panorámicas magníficas sobre los acantilados azotados por el viento y el océano Atlántico. Uno de los mejores momentos llega al pasar junto a la inmensa extensión de arena de la Praia do Guincho, una playa famosa por su oleaje potente. Desde allí, la carretera sigue bordeando la costa hasta llegar a Cascais, una encantadora localidad turística.
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La Câmara Municipal de Sintra (el Ayuntamiento de Sintra) es un magnífico broche final para la característica arquitectura romántica de la ciudad. Inaugurado en 1909, este edificio municipal es una fantasía de estilo neomanuelino, inspirada en la época dorada de los Descubrimientos portugueses.
Lo más impactante es su exuberante torre central, rematada por un tejado cónico de azulejos que recuerda al torreón de un cuento de hadas. La fachada principal es igual de ornamentada, con arcos apuntados, el escudo nacional y una cuidada decoración en piedra.
Como es un edificio administrativo en uso, el interior no está abierto al público. Aun así, merece mucho la pena admirar su imponente exterior, y además queda muy a mano, a pocos minutos a pie de la estación de tren, en la parte más moderna de la ciudad.
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Sobre esta guía Soy Philip Giddings. Llevo explorando Portugal desde 2001 y escribiendo las guías independientes de Sintra-Portugal.com desde 2008. Vivo en Lisboa con mi mujer, Carla, que es portuguesa y fue quien me llevó a Sintra por primera vez en uno de mis primeros viajes al país. No hemos dejado de volver desde entonces, ya sea entre las multitudes del verano, bajo la niebla del otoño o en las tranquilas tardes de domingo de enero. La región ha cambiado muchísimo en estos veinticinco años de visitas y hemos sido testigos de toda esa evolución.
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